
Los niños construyen mundos enteros.
Un castillo debajo de la mesa de la cocina.
Un dragón que tiene miedo de la oscuridad.
En algún momento, los adultos olvidan los suyos.
El castillo vuelve a convertirse en una mesa.
El dragón se queda en silencio.
Todos los niños merecen verse reflejados en una historia.
Su nombre, sus rizos, su nuevo hermanito.
Justo ahí, en la primera página.
Una historia puede contener un sentimiento muy grande.
Una larga estancia en el hospital. Una despedida. Una primera noche en un lugar nuevo.
Dentro de una historia, se hace lo bastante pequeña como para hablar de ella.
Las historias deberían crecer con ellos.
Palabras breves y cálidas a los tres años.
Oraciones más largas a los diez años, justo cuando empiezan a buscarlas.
Un dibujo es una puerta.
Lo que dibujan en papel puede entrar directamente en su historia.
El mismo amigo puede volver.
Los mismos colores. La misma cara. La misma sonrisa torcida.
Historia tras historia, siguen siendo suyas.

Cada menor ya se encuentra en algún lugar maravilloso.
Mantenemos la puerta abierta.
FabuliaEmpieza con su idea.
La historia crece a partir de ahí.
Crear una historia un primer díados hogaresun nuevo hermanoaudífonosuna estancia hospitalariauna emoción intensauna silla de ruedasun abuelo lejanoadoptadoaprender un idiomavitíligoun diente de leche perdidouna mascota que muriópreocupaciones nocturnasun mejor amigosolo porque sí